miércoles, 9 de diciembre de 2015

Manuel Neila


Un largo adiós

Cuando tú apareciste, la mañana
se vistió de sí misma. El silencio era verde,
la luz se cimbreaba entre el aire y los sueños
por aplacar tu errancia, ajena y mía.

Recuerdo una arboleda sombreada
al borde de la noche y del verano;
y te siento llegar, sin miedo ni impaciencia,
envuelta en el azul del cielo y del asfalto.

Cuando llegaste, sí, ya estabas yéndote
con el gozo que aviva la común quemadura,
con el leve temblor del tiempo que discurre
y el temor de tener que separarnos.

Pero en tus brazos era primavera,
y nos hicimos nadie el uno al otro
bajo un cielo cuajado de sombras encendidas
con una sola puerta que daba a no sé dónde.

Cuando cierro los ojos, te recuerdo
tendida sobre un cauce de musgo y hojas secas,
y siento tus caricias de arroyo enardecido
que sigue su camino a contra muerte.

No, no dejes que el tiempo encadenado
descomponga tu imagen sucesiva.
Yo seguiré esperando, con los sueños abiertos,
cada vez que regreses del fondo de la noche.


Manuel Neila (Hervás, Cáceres, 1950)
Huésped de la vida (Poesía 1980-2005)
Llibros del pexe, Gijón, 2005

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