viernes, 11 de diciembre de 2015

Juan Gil Bengoa


Abuelo, ¿estás dormido?
Dime algo, no te oigo respirar.
¿Por qué te han puesto esa máscara?
Casi no se te ve la cara. ¿Y ese gorgoteo?
Te están metiendo aire y que así
se te hinchen los pulmones, ¿verdad?
Como los balones que llevábamos al taller
¡recuerdas cómo botaban recién inflados!
Aita dice que si te desconectan eso
te puedes morir, que tienes una grave
insufi-ciencia (me la he tenido que aprender
en dos veces) respiratoria
y que ellos se van a quedar
con el apatamento de Noja
y el Audi que sólo tiene 22.000 kilómetros.
Que tía Susana prefiere el piso de Amézola
porque se va a separar y no sabe adónde ir,
que el tío Jorge siempre la está hostiando
y que está hasta el gorro de él y de su puta
familia, siempre haciéndola de menos.
Que con el dinero ya harán cuentas
porque el apartamento cuesta menos que el piso.
Sé que estás muy triste desde que se murió la abuela
pero no me gusta Noja si no estás conmigo
y darnos chapuzones en la piscina.
Te quiero mucho abuelo,
y me importan un bledo
los activos finan-cieros y tus letras del tesoro.
Ponte bueno pronto, abuelo.
¡Shissst, ahí vienen!


Juan Gil Bengoa
Rwenzori
Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2015

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