viernes, 4 de diciembre de 2015

Ernesto Frattarola


Cuatro

Quizá madurar sea aprender a decir sin embargo.
Quizá decir para siempre no sea hipocresía,
sino necesidad.

Quizá crecer sea una licencia poética,
y la familia una unidad de medida.

Ya no lo sé.

Sé que tengo cuarenta y nueve años,
una esposa,
dos hijas.

Sé que tengo cuarenta y nueve años,
y estoy cansado.

(Nadie me lo advirtió:
a partir de cierta edad
hay que vivir cansado).

Cansado de querer lo que más quiero.
Cansado de tener y querer más.
Cansado de perder.

Cansado de ser yo:

de la vida que no supe vivir,
de las noches que he dejado escapar.

De mí mismo conmigo,
de mí mismo con ellas.

De sentir que sobro cuando estoy con ellas.

Son tres y tienen nombre.

Y yo sé que soy sólo mi cansancio.

Y sé también que vivir es cansarse,
que cansarse es amar.
Y que amar es vivir,
y vivir es mirarlas.

Mirar y contar sílabas.
Sentarse en el sofá.
Quedarse.

Saber que somos cuatro.


Ernestro Frattarola (Barcelona, 1965)
Uno
Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2015

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