martes, 1 de diciembre de 2015

Enrique Baltanás


Hablando ex cathedra

Es la clase. Y explico a mis alumnos, seriamente,
cosas creíbles en que yo no creo.
Que el hombre del Barroco, por ejemplo,
es distinto y distante de aquel de la Edad Media.
Que algo cambia
si unos hombres deciden ser vanguardia
o publicar un manifiesto.
Que la vida se afecta si el hormigón desplaza al arquitrabe.
Ellos toman apuntes y parecen creerlo.
Pero, ¿cómo exlplicarles, contra toda evidencia,
que aquí estaremos siempre. Y que seremos
no más de lo que hoy somos y ayer fuimos.
Y continúo
monótono y cansino,
hablándoles de cambios y rupturas.
Porque al mirar sus rostros con acné y maquillaje,
su soñolienta piel elástica, sus piercings,
sus cuadernos apenas comenzados,
no acabo de atreverme
a decirles que el tiempo nos entierra
capa tras capa sobre el mismo sitio,
que somos sustitutos del soldado que cae,
y del actor que enferma,
que jugamos una misma comedia con arreglos,
que Edad Media, Barroco, Ilustración, Romanticismo
son tan sólo migajas
de pavor en el bosque del tiempo
del que nunca saldremos,
y continúo
dictándoles apuntes,
explicándoles crisis, y cortes, y rupturas,
y finalmente
                       no, no me decido
-no sé si es compasión o es puro miedo,
y no sé si por ellos o por mí-
a romper los esquemas, 
a salirme ni un pelo del programa.


Enrique Baltanás (Alcalá de Guadaira, Sevilla, 1952)
Las propiedades del aire
Editorial Pre-textos, Valencia, 2015

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