jueves, 31 de diciembre de 2015

Eloy Sánchez Rosillo


La libertad

Una mañana del invierno, una
mañana lejanísima. Con tristeza y desgana,
igual que un día y otro, camino hacia el colegio.
Cuánto frío a esas horas: dolían las orejas
y las manos -tan torpes- en los rojos nudillos.
También las piernas, que desamparaban
los pantalones cortos, ateridas
y de piel azulosa. Avanzaba encogido,
ensoñiscado aún, cargando a duras penas
una gruesa cartera de cuero. Por entonces
ya había muerto mi padre.
                                                Recuerdo que me dije
de forma inopinada, no sé cómo,
sin atreverme casi a proponérmelo
a mí mismo: "No pienso ir, no voy;
esta mañana no, aunque se esté en la clase
más caliente que aquí". Dudé un momento.
Pero al cabo eso hice, no ir. Di media vuelta.
Fue la primera vez. Noté enseguida
cierto remordimiento: me acudió
a la conciencia el rostro de mi madre.
Y al propio tiempo iba creciendo en mí
una inmensa alegría.
                                      Comencé
a deambular despacio. Y de repente el frío
me dejó de hostigar. Qué libertad sentía
mientras iba cogiendo, por los márgenes 
de mi camino al sol, vinagrillo muy verde
-recubierto de escarcha-, que crujía en mi boca
levemente al morderlo.


Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948)
Quién lo diría
Ediciones Tusquest, Barcelona, 2015.

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