miércoles, 25 de noviembre de 2015

Diego Vaya


Estar aquí

Con el bueno de Antonio
he venido hasta aquí.
Estoy en una fila, no distingo el final
y el último deja de ser
con mucha rapidez el último.
Hay cosas que nos unen, las mismas sensaciones,
el mismo desamparo, la misma decepción,
la misma mano abierta, pasos por el cansancio
comidos, por caminos
que nos hacen buscar una tregua en la vida.
Espero a pie parado. No conozco
a nadie. La impaciencia me trepa por la espalda.
Oigo voces, teléfonos que suenan:
voces como migajas que picotea el día,
que se traga la tarde, que deshace la noche.
A veces como un látigo nos sacude un rumor.

Estar aquí es estar en cualquier parte.
Estar en esta misma fila, la misma fila, siempre
unos detrás de otros, siempre
repartiéndonos gestos fotocopiados y frases hechas
como periódicos gratuitos. No
llevo nada
más que ellos: las promesas,
la carroña en las uñas, la fortuna de haber nacido
en el mejor momento
y en el mejor de todos los mundos posibles.
¿Verdad? ¿Verdad que sí?

La fila es larga y además no avanza.

Al fondo, más allá
de la fila, se forma la figura
de un campanario donde una campana de oro
ora santísima ahora y en la hora
que se ahoga conmigo, y una grúa detrás
promete el paraíso
con tres habitaciones y dos baños.
Y aquí,
aquí en la fila, entre nosotros
la comunión del humo entre coches ardiendo,
las lenguas oxidadas que lamen el desguace,
el sol que solo es un destello sobre la gasolina derramada,
¿verdad?, ¿verdad que sí?
Un dolor que desangra el acto más sincero.

Y es una sensación en oleadas,
algo turbio que sube hasta la boca:
es un presente que nos mezcla a todos
y un luego robespierre que guillotina.

¿Que el Arte es largo, Antonio?
Larga es la fila y además no avanza.

No avanza. Nos lo prometieron, pero
no avanza. Espero en esta fila
que ya me cerca como una verdad
que llamara a la puerta, pero no
avanza, nunca avanza, nada avanza
mientras mi corazón echa raíces,
mientras cubro mi espera de apariencias,
mientras todo está quieto
y tan solo se mueve
el vacío dinámico del mundo,
y siempre así, y es triste.


Diego Vaya (Sevilla, 1980)
Circuito cerrado
Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2014

No hay comentarios:

Publicar un comentario