martes, 27 de octubre de 2015

Eloy Sánchez Rosillo


Celebración y despedida

¿Aún podré celebrarte,
esbelta luz de marzo, ahora que estás
a punto de partir quién sabe adónde?
Me he mantenido atento cada día
de tu fugaz estancia en este círculo
de tierra, mar y cielo
que mi mirada abarca
a tu ser y a tus actos, conmovido
y de veras atónito
por la forma que tienes de hacer tanto
fingiendo no hacer nada,
con despreocupación adolescente.
Brotaste en un descuido del invierno,
cuando éste, extenuado y en las últimas,
se afanaba no obstante en cavilar 
postreras inclemencias.
Y te vi entonces frágil, quebradiza,
como si fueras de cristal muy fino,
amenazada tras tu advenimiento
por retazos de lluvia
y por los malos modos
del viento despechado. Pero no
pudo nada ni nadie con el ímpetu
juvenil que traías, y bien pronto
te afirmaste en tu gracia, y al crecer
llegaste a ser aquí dueña del mundo,
origen del jilguero.
Y hoy, ya al final, te muestras
con primor femenino en el cuidado
de recoger tus cosas para irte.
Cuánta melancolía
-que a la vez no me impide estar alegre-
tengo en el pecho esta mañana última.
Vas pasando despacio frente a mí,
y sonríes mirándome a los ojos
con pudor y descaro
de muchacha que sabe su irresistible hechizo.


Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948)
Quién lo diría
Tusquets Editores, Barcelona, 2015.

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