miércoles, 1 de julio de 2015

Diego Vaya


Oda a la casa propia

Nada ha cambiado dentro de la casa,
sólo se ha contagiado de un nuevo amanecer.
Pero qué busca tanta claridad,
tanta luz de quirófano, este sol
que deja al descubierto las heridas,
la sutura del sueño, las arrugas
de las sábanas y
le da forma a los muebles y al cansancio
y forma a los fantasmas que estuvieron
toda la noche haciendo guardia al pie de la cama.

Nada ha cambiado dentro
de la casa ni fuera. Los ojos se acostumbran
a entrar de esta manera en la vida y recuerdan
la deuda
y cómo viene un fajo de facturas
tan callando al final de cada mes.

Donde la cerradura corre y da dureza,
aquí, a la propiedad, aquí, al cobijo,
miras el techo, miras estos muros, la mancha de humedad
y los cuarenta metros cuadrados y habitables.
Con un poco de suerte,
si el día es soleado,
las rejas rayarán
tu rostro como lágrimas.
¿Cómo quieren que sigas de este modo, sabiendo
que ya no dormirás toda tu noche,
que ya no vivirás de otra manera,
que ya no hallarás cosa
en que poner los ojos
que no sea recuerdo del dinero?

Oyes miles de pájaros,
cantan enloquecidos, han desatado su éxtasis,
una misma alegría en su vuelo los une,
cada uno un diminuto corazón
a punto de estallar.
Y parece una fiesta, pero
ellos tiemblan también,
saben que queda menos: amanece.
Sales sin ser notada con prisa torpe a tientas,
estando tú en la casa
hipotecada.


Diego Vaya (Sevilla, 1980)
Game over
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2015

1 comentario:

  1. Qué terrible. ¡Cómo el hogar se convierte en ahogo!...el drama cotidiano..Aperta!

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