jueves, 3 de julio de 2014

Rosario Neira


Los nombres del parque

En aquel tiempo,
todos los rincones del parque
tenían nombre.

Nosotros
habíamos recorido
tarde a tarde
sus avenidas,
sus doblados senderos;
habíamos dado nombre
a la tierra,
al césped de flores amargas,
a la colina,
a la fuente de piedra y bronce,
                                     a todo lo que amanecía extraño y nuevo
a nuestros ojos.
Lo recorrimos
-lo recorriste-
entonces,
                       y no era parque, sino bosque
redondo,
                                             verde,
poblado de olores súbitos,
de luz palpable,
de seres imprevistos.
Así fue entonces,
cuando era nuevo el aire,
en las mañanas de los domingos,
de risa verde y niños y columpios,
y también
en las tardes de bicicletas y palomas
y barquillos de miel
junto al estanque.

Fue entonces,
en el tiempo en que las flores malvas
deban miedo,
y los árboles parecían dispuestos
a clavarse en las nubes;
cuando los bancos verdes
recién llovidos,
cuando las hojas quejándose
bajo los pies,
cuando la nieve
y la luz despeñada
a través de las ramas.

Fue entonces
cuando dimos nombre
a los rostros del parque;
cuando fue nuestro.


Rosario Neira (Oviedo, 1973)
De memorias y pérdidas
Ediciones Trea, Gijón, 2013.

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