martes, 8 de julio de 2014

Antonio Colinas


(Un encuentro)

Y sin embargo...
                             Un anochecer
yo iba recorriendo los senderos
que conducían a ninguna parte,
cuando salió del bosque un hombre alto.
Me sonrió al darme, sin palabras,
su bienenida a esta tierra-madre,
llevándose su mano hasta el pecho.
Yo también, en silencio,
le respondí llevando en la sombra
mi mano al corazón.

Nada más.
Luego, él se volvió para perderse
en el abismo verde
del profundo pinar.
Sólo quedó en el aire
su silencio y el mío,
un único silencio.
En él estaba la revelación
el oro puro
del encuentro.


Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)
Canciones para una música silente
Ediciones Siruela, Madrid, 2014

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