miércoles, 25 de junio de 2014

Raquel Lanseros


Los lobos de Valparaíso

A veces todavía bajaban a la aldea.
Esto es lo que contaban los más viejos:
       Hemos visto el violento latir de los colmillos
       igual que minaretes de funesta belleza.
Quien mira a un lobo queda condenado
                                                      a una eterna vigilia.

Los llamaban heraldos del infierno,
emergían de la nada y volvían a sumirse
entre las vértebras de la luna nueva.

Entonces todavía llegaban hasta el pueblo.
El vello de la espalda se erizaba
al oír aquel aullido inconfundible,
                                                             nítido,
hijo del rayo y el orden de las cosas.

Poco a poco fueron quedando menos.
Escasos ejemplares aún cruzaban el río,
solos y acorralados en la cadena rota.
Se fue agotando el murmullo del ganado,
ya cesó de latir el corazón del bosque,
las voces de la gente se agotaron.

Hace años que murió el último pastor
que oyó aullar a los lobos
       en la noche de Santa Estefanía.

Pero bajo la tierra,
la sangre espera el día de reclamar su deuda.


Raquel Lanseros (Jérez de la Frontera, Cádiz, 1973)
Las pequeñas espinas son pequeñas
Ediciones Hiperión, Mdrid, 2013.

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