martes, 29 de julio de 2014

Antonio Moreno


Intervalo

No pretendo llegar a ningún sitio,
y sin embargo escribo cada noche.
Decir es dirigirse a algún lugar,
marchar a alguna parte, a un destino
al que uno se encamina con palabras
crecidas, luminosas como el cielo
de originaria y blanca luz nocturna.
Mi meta no es llegar, pues, sino ir
no sé adónde, cuando se extingue el día.
Tras cumplir con las cargas de esta fecha,
el saludo al colega y al vecino,
la lección repetida tantas veces,
y los papeles del estudio, las tres
comidas, el paseo de la tarde,
y los preparativos de mañana;
tras terminar con cuanto ocupa un día,
en resumidas cuentas, tomo asiento
en mí y retorno al aire de la noche.
Tomo asiento a la orilla de mí mismo,
junto a un papel que nunca escribiré:
desde hace muchos años, sólo escucho.
Cambié las oraciones por silencio.
Me sumo así al olvido que me aguarda,
el olvido futuro de mis cosas,
en donde no hay placer ni daño alguno.
Qué calma, en el vacío de la noche,
la vacía oquedad de la conciencia.
No pretende decir y sin embargo,
no sé por qué, tal vez porque ama, sale
irremediablemente afuera, sale
y quiere todas las palabras pródigas,
no sé, "aguacero", "piel", "rompiente"... Sí,
una fuerza propicia e incomprensible,
palabras con que dice, una y otra
vez, "cuánta vida, cuánta vida, cuánta".


Antonio Moreno (Alicante, 1964)
Intervalo
La Veleta, Editorial Comares, Granada, 2007.

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