jueves, 12 de junio de 2014

Andrés Trapiello


El despertar

Cada cual en su lado de la cama
ha pasado la noche,
y así desde hace años,
tan cerca y tan ajenos esas horas.
Luego llega la aurora y con las yemas
rosadas de sus dedos suavemente
en los hombros les roza, sin que llegue
jamás a despertarlos,
aunque tampoco es sueño donde quedan.
Como sombras de nubes que veloces
pasan por la colina, entonces los abrazos
se traban y destraban por su cuenta
cambiando de postura
en su danza abismática.
Es amor y ternura y a su modo
pasión por otros medios,
hasta sentir los dos de forma cierta
la dicha que es volver al bosque de la vida.
A ese instante también
podríamos llamarlo Dios, conciencia
del ser en su apogeo, indestructible
impulso hacia la rosa, un aliento común
que en el centro se une como el puente
que habrá de devolvernos las riberas.
Si este trozo de dicha lo saco a plaza pública
es sólo por los días en que tú
y yo amaneceremos sin tenernos,
sin mis abrazos tú, yo sin los tuyos,
en la noche sin fin y sin principio
de la que nadie ha vuelto.


Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953)
Segunda oscuridad
Editorial Pre-textos, Valencia, 2012.

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