domingo, 11 de mayo de 2014

Eduardo Chirinos


Invernal

                                                         Dentro, el amor que abrasa;
                                                         fuera, la noche fría.
                                                                                 RUBÉN DARÍO

A través de la ventana veo caer la nieve
lenta y copiosa como la viste caer sobre París
cuando soñabas que era Lutecia
y no la oscura ciudad que aplasta a los borrachos,
a los príncipes de Francia que tú adoraste, Rubén.
Hoy he hablado de ti como de un viejo amigo
a quien siempre quise por obstinado y por bueno
y hasta he limpiado de nieve tu bufanda,
tu ridículo sombrero de copa.
Déjame decirte que hueles a licor,
al esquivo perfume de las mujeres que jamás te amaron
ni leyeron los versos a cuya sombra crecen y se multiplican
         los poetas.
Ah, viejo Darío,
he tardado mucho en comprender que rechazaste la gloria
en nombre de aquellos que la aceptaron arrojándote piedras,
porque todos alguna vez te arrojaron piedras
y yo no fui la excepción.
Qué decirte entonces sino gracias;
gracias por tus ruiseñores, tus tortugas, tus pegasos.
Por tu rostro cansino que me dice bah detrás de la ventana
y se aleja solitario hacia la noche fría.


Eduardo Chirinos (Lima, 1960)
El equilibrista de Bayard Street
Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2013

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