martes, 13 de mayo de 2014

Antonio Lucas


El hombre

Porque ningún hombre se iguala al reflejo de sí mismo,
ni es ruina o resplandor si la luz no lo enhebra,
si la noche no lo precipita.

Porque no tiene sombra ni límites precisos,
ni más fe que la sed,
ni más razón que olvido,
ni otra rebelión que construir agua con nubes.

Porque el hombre crece y se extravía: ama, huye, suma en
        años su existencia,
entierra dientes y sortijas, cielos con el corazón de mecha,
        reyes derrocados,
libros para el parlamento de la niebla.

El hombre no vive jamás lo suficiente y de ahí tanta tristeza.
Se enamora con las manos, invoca su prestigio en los espejos,
todo en él es lentitud y un mucho más allá que nunca se concreta.
La historia es su retrato grande.
La memoria, su arsénico y su vértigo.

Quisiera saber decir lo que en ti veo.
La diáspora que asoma si te alejas.
El barrio limpio y minucioso donde vivo cuando entiendo
        que me amas,
cuando eres lo feliz de lo imprevisto.
El vibrante marzo. El vibrante marzo de antes de ser tú
y de después de besar tu casa.
Eso diría que es el hombre,
un zumbido que se apoya en la piedad de un cuerpo ajeno,
en esa tierra santa de tus dos brazos abiertos.


Antonio Lucas (Madrid, 1975)
Los desengaños
Visor Libros, Madrid, 2014.

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