sábado, 17 de mayo de 2014

Alex Chico


Travesía

                                                                 mortal como el abrazo de las hoces
                                                                                     CLAUDIO RODRÍGUEZ

Sé que no es nueva esta imagen
que se cruza. El movimiento perpetuo
casi imperceptible de los álamos me anuncian
que por aquí ya pasó
lo que quiso acontecer con la misma premura de entonces.
Me pregunto dónde estás,
y hacia dónde debo dirigirme
para evocarte nueva aún, indisoluble.
El tiempo que empleamos para reconocernos
se ha ido perdiendo sin motivo, pero no se ha zanjado,
nunca lo ha hecho, completamente.
Cruzar esta comarca es la excusa para descubrirnos
frente a frente, el refugio que nos trae de vuelta
para asumir cada una de las huellas
que fuimos dejando en otro tiempo.
Estás ahí, bien lo sé, perdida entre las ramas del jardín
de alguna plaza, detrás de la iglesia, entre la gente que te observa
y desconoces.
Aguardas en cualquier calle, dejando tu sombra en cada esquina,
a la espera.

Me haces deambular sin rumbo,
recogiendo cada uno de los vestigios
que te nombran,
y vas derrochando en su penumbra.
Estás aquí, bien lo sabía, completamente sola,
leyendo en algún banco,
con toda la muchedumbre ante tus ojos, que fueron los míos
-¿te acuerdas?- hace unos años.
Cuántas esquinas debo doblar antes de encontrarte,
a cuántas personas debo preguntar por cualquier indicio.

Las casas te albergarán.
Confundirás su tez blancuzca con el retorno. Mas confío
en que alguna que te aloje, alguna que olvide su orientación
en la ciudad, se descubra frente a mí, y exponga toda su inocecia.
Porque bien supe que deseabas el reencuentro,
que nunca borraste el aroma que impregnaba el paseo,
que estabas tan cerca para distanciarte un poco más de mi sombra.
Ahora puede que sea ya algo más tarde. Sin embargo, vine solo
hasta aquí con una meta: traer de vuelta a este jardín una figura
que nos reúna nuevamente,
aunque tú ya no puedas saberlo,
aunque ya lo juzgues en la distancia,
aunque ya no sepasno debaspronunciar una vez más mi nombre.


Alex Chico (Plasencia, Cáceres, 1980)
La tristeza del eco
Editora Regional de Extremadura, Mérida, Badajoz, 2008.

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