viernes, 4 de abril de 2014

Elena Medel


Poema de despedida para mi hermana

En cuanto a las despedidas, apenas existen gestos más allá
de las pancartas: abrazos y lágrimas en el control de
        seguridad,
una cámara para que el momento exista
tras el regreso. ¿Tú qué prefieres? Wislawa, por favor, reza
por ella. De pequeña te confundían con un niño
por el pelo corto y la sangre en las rodillas. Tienes una
        cicatriz en el labio superior
porque te caíste al servirnos la merienda. Al crecer te
        cambiaron el nombre:
alguien te llamó Pentecostés. Todas las lenguas
las conoces                          tan sabia como un dios.

Bestia del norte, ahora vivirás a ciento ochenta grados:
        cuando yo actúe,
tú en mi oposición. Del dolor (tú también, Celan, reza
        por ella),
aquí no nos enteraremos: finge que todo marcha bien.
        También yo fingiría
que todo marcha bien. Podría aconsejarte. De pequeña
te confundían con un animal porque golpeabas con furia
y después rumiabas estiércol y perdón. Tienes aún el deje
        de quien hace
y luego piensa. Al crecer te dejaste la melena larguísima.
        Quién te imaginara
en aquellos días salvajes como ahora                          quién
       te imaginaría
en aquellos días salvaje como un dios.

Voy a velar tus libros y tu ropa; voy a velar desde mi
        adolescencia
para que no te ocurra lo que a mí. ¿Tú qué prefieres
guardar en la maleta? He recogido los zapatos, he tocado
        su suela
demasiado fina. El dolor, te lo recuerdo: representa
bien. Sé cómo se hace. De pequeña te confundían con una
        de esas fábricas
que encadenan turnos y humo. Tus ojos
azules encendidos. Como un niño que sangra y como un
        animal que muerde: así te exigen otros
        así te exigen                          inmisericorde como un dios.
Quizá algún día desconozcas esta lengua.
Por si acaso, buen Yeats, por favor, reza con ella.


Elena Medel (Córdoba, 1985)
Chatterton
Visor Libros, Madrid, 2014.

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