domingo, 16 de marzo de 2014

Efraín Bartolomé


Fulgor de mediodía

En el día más limpio la muchacha me llama
"Estoy desnuda frente a la ventana"
dice su tenue voz

(La miro recostada ante el brillo de la luz:
ante los trinos de los pájaros que visitan el pequeño jardín
y que no puede oír detrás del vidrio donde estallan destellos.)

"Tengo mi mano izquierda sobre el pecho: lo acaricio".

Le pido que acomode el teléfono en su hombro
y que coloque la otra mano sobre su rosa crespa

Su gemido responde

"Me estoy tocando" dice
"Siento pena"

Yo insisto en que me obsequie su pena y su deseo

Oigo el silencio

Luego se inunda el cable telefónico de gemidos
quejidos   dulces sollozos   cálidos lamentos
respiración alterna: pareja y delicada   entrocortada y áspera
Luego un corto chillido o una nota de llanto

Oigo
un suspiro final
y el aletargamiento de su lengua
y sus guturaciones

Vierte
sobre las doce horas del día inerme
su líquido   su miel   su jugo más brillante
Se inundará de luz el cable telefónico
la red entera   la nervadura oculta de la ciudad monstruosa

Habrá miel en la voz de las mujeres plenas

Respingarán las leves columnas vertebrales de las adolescentes
con un inesperado escalofrío
Habrá erecciones repentinas en los hombres de todas las edades:
súbitos estremecimientos en los niños pequeños
perturbadoras sacudidas de excitación en las ingles juveniles
vaga satisfacción en la sonrisa
y un fulgor libertino en la mirada de los viejos.

"¿Me has sentido?" pregunta su voz tierna

Yo palpo mi dureza

Oigo mi ancha respiración
en el quebrado silencio del mediodía

"Siento pena" murmura

Pero escucho su orgullo
restregándose eléctricamente con el mío

Aquí
el único avergonzado
es el sol.


Efrain Bartolomé (Ocosingo, Chiapas, 1950)
El ser que somos. Antología.
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006.

No hay comentarios:

Publicar un comentario