martes, 25 de marzo de 2014

Diana Ávila


Las palabras

Debo decir. Sólo para que  yo  no muera. Para que no
pierda las palabras. Sólo para ser. Para no morir. Sólo
para que yo pueda nombrarme. Para que no me olvide.
Para que el silencio no me envuelva.

Tengo que decir, para creer. Para estar en mí.
Tengo que despedazar el sonido de la piedra.

Oigo el agua que cae, el río que se desliza en mi cabeza y
se sale por las orejas. Es de noche.
De noche vienen todos los fantasmas.
De noche yo me acuesto con el silencio
que me cubre como una sábana. Y mis ojos entran en un
diálogo perpetuo con los ojos de mi piel.

No. Esto no es mío, ésta no soy yo.
Yo hablo, yo le tengo miedo a la oscuridad, yo no soy
         un caballo desbocado
que corre sin parar hasta que  el  muro lo parte.  Yo me
detengo ante el silencio. Yo me detengo en medio de la
noche. A pensar. A pensar en mí. A hablar con la araña
que duerme encima de mi cama. Yo me detengo a pensar
en mañana, en hoy, en ayer, en muy ayer.
En oleajes, lágrimas, abrazos, en el desierto de mis manos.

Yo me detengo y beso. Me trago el silencio de un bocado.
Lo escupo. No es para mí. Para mí los geranios, el viento
que ruge, la luna que aniquila. La tormenta. Ese silencio.

Vuelvo a dormir. Me enrollo en mí misma como Nina,
naufrago en mis sueños. He vuelto a dormir.
Hay paz en ese lado. En este lado de mi vida.

Cierro los ojos y entro a mi silencio. Abro las ventanas
de mi silencio. Entra la luz. Entran los colores en mi silencio.


Diana Ávila (San José, Costa Rica, 1952)
La herida en el sol (Poesía contemporánea centroamericana, 1957-2007)
Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F., 2007.

No hay comentarios:

Publicar un comentario