miércoles, 12 de marzo de 2014

Antón Castro


Autobiografía con niebla

                                                 A Daniel Gascón y Aloma Rodríguez

Soy de las regiones de la niebla y del espanto.
Mi padre me decía siempre: "No te extravíes
por los caminos de la lluvia. No te pierdas
en el bosque. Al atardecer aparecen ellos".
"¿Ellos?", le pregunté. "Claro, hijo, los fantasmas,
los pordioseros, los lobos solitarios, las víboras.
Los aparecidos que vuelven del más allá.
Vienen de la tierra interior, del fondo de la vega
o de lo alto de las colinas. Escúchalos. Gimen".
Mi madre añadía: "Buscan carne fresca de niño".
Aquello me impresionaba. El bosque estaba
al lado de mi casa con su umbral de sombras.
Y más alla los oteros y las minas antiguas.
Yo mismo había oído un alarido melancólico,
un temblor de voces y de cadenas en fuga.
Cada día, mis padres recordaban una historia:
era como el periódico del escalofrío.
No sabía qué hacer. ¿Debía ir al colegio
o esconderme en el establo mientras caía la lluvia?
¿Debía cantar en medio del temporal, o llorar
o gritar bien alto para que las alimañas me oyesen?
Enfermé. Y me recluí en la cama. No hacía nada.
Leía. Hablaba solo. Me visitaban los compañeros
y aquel profesor que decía que la natraleza es un ángel.
Y que decía, cuando mis padres se iban,
que los fantasmas no existen, ni los monstruos
ni la piel enfermiza de los zorros a la intemperie.
Pedí que me cerrasen las persianas. Empecé a vivir
a oscuras. Me dolía la luz, la conciencia del tiempo,
el paisaje de fresnos y cerezos al otro lado
del vidrio. Me dolía respirar, pensar en Clara,
mi único amor, que había desaparecido de golpe
entre los pájaros del crepúsculo y los cipreses.

Recuerdo cuando vino el médico. Habló con mis padres.
Y sé bien lo que les dijo. No podía estar ni un instante
más en la cama. Si no acabaría ciego.  O loco.
No he esperado más. Me he vestido y he hecho
un hatillo con galletas, higos, agua y una navaja.

Llevo varias horas caminando. Ha caído la noche:
me he extraviado en los caminos de la lluvia
y en el corazón del bosque. Al fondo, relucen
dos ojos como ascuas. Y un aullido sobrecogedor
emerge entre las ramas con la furia del temporal.


Antón Castro (Santa Mariña de Lamas, Arteixo, A Coruña, 1959)
Versión original
Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2012.

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