martes, 11 de febrero de 2014

Julián Rodríguez


Deseos

                                                      (¿Marina Tsvietáieva?)


La mujer,
                  que vive en la calle Boris y Gleb,
encendió la estufa a la una y cuarto
y calentó sus manos
junto al hierro oxidado.

Afuera nieva.

Si abre la ventana ve dos árboles,
los árboles que vigilan el hambre
de cada paseante.

Con un cubo de zinc sale por nieve,
la derrite en el fuego
y escalda las patatas.
No siente la quemadura en sus manos
(el humo de las brasas que lanza hacia la calle
es negro como el tiempo).

La mujer,
                  que tiene ya cuarenta años,
no sabe cuánto hace
que no se ve atractiva, seductora:
Su traje tiene
cosidas dentelladas
tejidas por las brasas:
Constelaciones en la tela azul.
Con ansiedad espera el cambio de estación,
piensa que mayo es siempre
más alegre, florecen girasoles tempranos
junto a las vallas
del parque, crecen coles en el huerto
de detrás y no ha de andar buscando pan y leche
en los comedores colectivos para pobres.

Alcanza a pensar cada noche en la dignidad
que muchos le imaginan,
porque antes vestía de satén y se peinaba
cada tarde, y era su vida la vida
de los que no conocen desventuras.
Pero todo cambia
                                (así son las revoluciones).
Por eso cuece ahora
las patatas y piensa en un modo de aliñarlas
con algo más
que con deseos.


Julián Rodríguez (Ceclavín, Cáceres, 1968)
Nevada
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2000.

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