sábado, 22 de febrero de 2014

José Luis Martínez


Incendios

Basta un rayo de sol
para que empiece a arder el día,
para que el más apático se abrase
de rabiosa energía, de ganas de vivir.

Porque la indiferencia y la aflicción,
los corazones impasibles
y las cabezas frías
                                son un mito:
es fuego racheado la existencia,
fuego de supresión la muerte,
una deflagración el mundo.

Debajo de las pieles gélidas,
detrás de la mirada de la abulia
y en las entrañas de los apacibles,
ruge un infierno antiguo,
se enfurece una hoguera omnívora,
se propaga el incendio de la sangre.

Acción y pensamiento:
                                         pedernales
que crean lo real, que dan a luz
a cada instante el mundo.

No hay cuerpo que no arda si lo tocas,
ni líquido que no se inflame,
lugar a salvo de las llamas.

Vivimos
               ―hasta el fin, 
                                      hasta apagarnos
para sentir que hierve el día,
para acatar las órdenes del sol.

A su señal, la acción desenfrenada,
la desesperación, el entusiasmo.

A su señal, la vida, el fuego.


José Luis Martínez (Valencia, 1959)
Camino de ningún final (Antología poética)
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2013.

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