martes, 4 de febrero de 2014

Charles Simic


Vidas de los alquimistas

Lo más difícil ha sido siempre desaparecer uno mismo
para reaparecer después como algo completamente diferente:
la almohada de una muchacha enamorada,
una pelusa haciéndose pasar por una araña.

El negro aburrimiento de noches lluviosas en el campo
hojeando los escritos de ilustres adeptos
que dan consejos sobre cómo proceder a la transmutación
de una ilusión de tiempo en una eternidad.
El verdadero maestro, uno de los elegidos,
necesita al menos cien años para perfeccionar su arte.

Mientras tanto, el pequeño arcano de la sartén en el fuego,
el olor del aceite de oliva y ajo flota
de habitación vacía en habitación vacía, la gata negra
se restriega contra tu pierna desnuda
mientras arrastras los pies hacia la luz distante
y el tintineo de vasos en la cocina.


The lives of the alchemists

The great labor was always to efface oneself,
Reappear as something entirely different:
The pillow of a young woman in love,
a ball of lint pretendig to be a spider.

Black boredoms of rainy country nights
Thumbing the writins of ilustrious adepts
Offering advice on how to proceed with the transmutation
Of a figment of time into eternity.
The true master, one of them counseled,
Needs a hundred years to perfect his art.

In the meantime, the small arcana of the frying pan,
The smell of olive oil and garlic wafting
From room to empty room, the black cat
Rubbing herself against your bare leg
While you shuffle toward the distant light
And the tinkle of glasses in the kitchen.


Charles Simic (Belgrado,1938)
La voz a las tres de la madrugada
DVD Ediciones, Barcelona, 2009
Traducción de Martín López-Vega

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