viernes, 7 de febrero de 2014

Carina Sedevich


Enciendo la lámpara de sal de la montaña
junto a mi cama.

Me suelto el pelo

recordando las canas invisibles.

Me acuesto entre las sábanas de hilo

con la bata dorada de la China.

Debajo mi piel blanca no desea

ni en sus botones rosados

ni en sus lunares pálidos.

Sobre la almohada se escuchan mis anillos

porque está fresco, quizás,

y se afinaron mis dedos.

El oro, la plata, la amatista.

Afuera la noche se ha espesado

porque terminó la luna llena.

Empieza el mes que precede al invierno.


Qué ligera que soy sin tus deseos.


Qué dulce corre el alma

en mi esqueleto.

Qué cierta es esta cara y estos flancos

qué ciertos que son,

qué delicados.

Me admira mi gata, blanca y parda,

y yo la admiro a ella en su silencio.

Hasta el perfume rojo de las flores

tengo.


Qué ligera que soy sin mis deseos.



Carina Sedevich (Santa Fé, Córdoba, Argentina, 1972)

Escribió Dickinson
(el libro aparecerá en la Colección Fénix de Poesía, 
Editorial Brujas, Córdoba, Argentina, en abril de 2014).

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