sábado, 8 de febrero de 2014

Ana Sofía Pérez-Bustamante


Psique

Tarde o temprano, Eros,
yo tenía que verte. No sé si tú lo sabes.
Quizá yo sospechaba que entonces tú te irías.
Quién sabe si, en el fondo, no lo hice a propósito.
Eso lo pensé luego. Entonces
creí que no podría vivir sin ti. No es cierto.
Viví al principio en un despecho airado. Más tarde,
una histriónica ira, una honda pena,
una tristeza mansa, un eco de costumbre
lejana de estar triste, y finalmente,
una sorpresa, casi,
si alguna vez pensaba aún en ti.
Lo siento. Hubiera sido,
no sé, más pedagógico,
un idilio sin término, o al menos más romántico
un final de tragedia, y no este desenlace.
Escúchame este otro, a ver qué te parece.

Tú vienes aún a mí, algunas noches,
fingiendo que es ayer. Yo finjo que se apagan
las luces de mis ojos. Puedes llamarme como
más te complazca (Dánae, Venus, Leda...).
Yo, pensando en quien quiera, mejor te llamo Eros.
Nos vale cualquier nombre. Digo
"tiniebla", y todo se oscurece. Digo "olvido",
y sólo quedan cuerpos sin memoria.
No me pondré los ojos. Si olvidara
dejarlos en la mesa, junto al vaso,
me coseré los párpados antes de que amanezca
y sabré estar dormida.
Qué lástima de amor. Con que sólo tuvieras
dos dedos de frente, todavía podríamos
ser la más ejemplar y ultramoderna
pareja esporádica de hecho.


Ana Sofía Pérez-Bustamante (París, 1962) 
El poder del cuerpo, Antología de poesía femenina contemporána
Editorial Castalia, Madrid, 2009.

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