miércoles, 22 de enero de 2014

Pilar Adón


Ha rozado la placidez. Sabe lo que es. A veces.
Sólo a veces. Una ventana abierta al bosque,
un silencio vespertino,
una quietud sin reproches
y la comprensión de hallarse aislada sin estarlo.
Calor en la habitación de trabajo,
el perro naranja tendido a los pies,
un libro abierto, piano en la radio.
En la cocina, zanahorias y pan.
La idea de una mañana sin sorpresas,
cajones de flores, el teléfono cerca,
olor a aire húmedo y la posibilidad
de salir
sin obligación de salir.
No desconoce lo que es el pánico,
pero de eso hoy no va a hablar.
Sólo de recorridos en calma.
De un sobrio encanto,
y de la certeza de que en el exterior el mundo
sigue en la dirección pactada.


Pilar Adón (Madrid, 1971)
La hija del cazador
La Bella Varsovia, Córdoba, 2011.

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