domingo, 19 de enero de 2014

Gloria Trinidad


Dos cartas a Lucio

1

Ten en cuenta esto, Lucio.
Tus obras huérfanas de ti
habrán de defenderse solas.
La muerte es un mecenas
que sólo acepta la excelencia:
desprecia las causas,
sólo atiende a los efectos.
Un mal verso es inmortal
por abrasadora que fuera
la dicha que envolvía.

Sucederá que escribas
nocturnos resplandecientes de verdad
y amanezcan
convertidos en garabatos.
No te apene tirarlos;
desprecia el frufrú de las palabras.

No seas oscuro.
Lo oculto y lo abstracto
son atajos hacia una representación del mundo
sin necesidad del mundo.
Es preferible
la palabrfa justa
para designar las cosas
que son
como son.
Agua debe querer decir
agua
no la líquida disonancia
de un pensamiento.

Prefiere lo menos.
Rehúye la tentación
de hacer explícito el daemon.


2

A mitad de la vida
uno debería poder
encamarse con su memoria
una mitad para entender
una mitad para contar
es un buen acuerdo

pero si te dieron por muerto
si resucitaste por milagro
a mitad de la vida
si cuando tendrías que ser más sabio
has perdido
la facultad de nombrar
porque no distingues ya la virtud
del vicio, la verdad
de la mentira,
porque demasiadas veces
has visto cómo intercambiaban
sus motes,
cómo se parecen
sus máscaras mortuorias,
entonces

tienes trabajo todavía
armar un arca
introducir en ella
una a una las parejas de palabras
con sus significados nuevos
para que el diluvio
si otra vez llega
no te pille por sorpresa.


Gloria Trinidad (Madrid, 1968)
Libro de la niebla

Ediciones Amargord, Madrid, 2013.

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