sábado, 11 de enero de 2014

Aurora Saura


Entre las mujeres

Sueño I

A veces me despierto
con un niño en los brazos
y llamo al hombre que me arrebataron,
y busco un poco de mijo
y busco agua.
Pero el sol inmisericorde
                                             nos abrasa.

A veces me despierta el amo
a gritos, y voy al campo de café
con ojos entornados
y llamo al hombre que me arrebataron
para la guerra.
Entonces me ahoga la lluvia o
                                                      la luz me quema.

A veces un desconocido
me despierta, y me golpea o
me acaricia. Mi ternura lo acoge mientras
recuerdo al hombre que no regresará.
Y es el pago del extranjero
quien me hace vivir y quien
                                                  me mata.

Esto sucede
cuando ella despierta. Pero
también sucede
                            cuando sueño.


Sueño II

Fui esclava de la princesa persa
y una noche dormí con Alejanro.
Como no fue brutal, lo soñé
por esposo. Y lo lloré, porque él
nunca
           volvió tras la batalla.

Muchas veces serví la mesa de Antinoo.
Aunque me conmovió su belleza,
fue el rostro
encendido de Adriano
el que pesó sobre mis párpados.
Sin embargo,
él me entregó a otro
                                    a quien jamás amé.

Alguna vez puede que fuera Dama, Amiga
o Reina: recuerdo apenas una Cançó
de la corte de Leonor de Aquitania
y el ceñidor
                    de Cristina de Suecia.
(¿o era tal vez el de la reina Brunilda?)

De las pocas ocasiones en que fui
mujer libre -quiero decir
con libertad semejante a lo que llaman
libertad los varones-,
me acompañan los nombres de Virginia, María,
Marie, Aurore, Marguerite,
                                                 Flora, Mary, Isadora.

Pero lo que más sueño -mejor diré me sueñan-
son los lavaderos junto al río
-a veces cantamos, incluso reímos-,
los cuencos que lleno al caer la tarde,
las caminatas en busca de agua,
la siembra y las flores del té.

Y me sueñan
los hijos que he parido
sin que el esposo
me admire o deje de buscar otras mujeres,
los padres que he velado,
los vecinos que me violaron,
las amigas que me abrazaban sabiendo
que no volvería
porque me casaban
                                   con un hombre de otra aldea.

He muerto en la desolación innumerables veces.

Ayer, en esta ciudad que he ido soñando mía
por el amor de un extranjero,
el hermano al que acuné
                                            de niño,
gritando una vez más "vergüenza",
me ha quitado la vida.


Aurora Saura (Cartagena, 1949)
Si tocamos la tierra
Los Libros de la Frontera Sant, Cugat del Vallés, Barcelona, 2012.

No hay comentarios:

Publicar un comentario