domingo, 26 de enero de 2014

Amalia Bautista


El bosque

Voy cruzando este bosque solitario,
cruzo este inmenso bosque siempre sola.
No lo componen árboles frondosos,
ni se ven mariposas, ni se oyen
los trinos de los pájaros, ni hay agua.
Es un bosque de cactus, es un bosque
sin ramas y sin hojas y sin flores.
Si hay flores estarán allá en lo alto,
en la cima de cada enorme cactus,
y no puede alcanzarlas mi mirada.
Sólo espinas encuentro en este bosque,
espinas que me hieren, que me rasgan
la piel a cada paso, que me rompen
la voluntad y la esperanza. Sangra
cada pequeña herida, lentamente,
interminablemente, y hay algunas
que pueden ser mortales. Sigo andando,
sigo cruzando el bosque sin orillas.
A veces pienso que es un laberinto
porque no veo huellas ni señales
que hagan reconocer el recorrido.
Si encuentro sangre en las espinas, dudo
si es mi sangre o la sangre de cualquiera
que ande también perdido en este bosque.
Días y noches se suceden. Días
de sed y noches de estupor y frío.
Si al fin consigo hallar una salida,
si este bosque se acaba en algún punto,
sin consigo escapar a las agujas
y esa atroz pesadilla se divuelve,
espero que tú estés al otro lado,
y que quieras cuidarme, y que me beses
cada arazaño, cada puñalada.
Después no importa que la luz se extinga.


Amalia Bautista (Madrid, 1962)
Estoy ausente
Editorial Pre-textos, Valencia, 2004.

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