jueves, 23 de enero de 2014

Alfonso Chase


Elegía

Cuando dos que se han amado se separan
              para siempre
algo se quiebra en el orden interno
               de la noche.
Una mano llama al guante ya perdido
y un hálito
se posa tibiamente en la heredad
               del árbol.
Cuando dos se dicen adiós ante el espejo
               ―sin tocarse―
apoyando los dedos en las sombras
la forma detiene el tiempo,
               y en el agua
la luz adquiere imagen de ventana.
               Puede ser que esa luz
en forma deslumbrante se haga ancha
               como el mundo
y un pájaro multicolor caiga desplomado,
               herido por la sed
               que media en el instante
de esos dos que alguna vez se amaron para siempre.
Cuando dos que se aman todavía
                ―se separan
algo los cubre suavemente
y un lenguaje tácito se nace
en el sitio en que esos dos dejaron
la recíproca tortura de olvidarse.
               Algo envejece para siempre sobre el aire.
Posiblemente se suicide un ángel de tristeza
al mirar cuando esos dos desaparecen
―separados por pasos y por besos
inventando historias y cantando,
mojados y oscuros de una lluvia
que refleja el rumor de sus palabras.
               Cuando dos que se amaron se separan,
el verano sube sobre las alas de la noche
                y una hoja, sobre el azul del cielo, 
abre los ojos y oculta su estupor
                con un conjuro.
Cuando dos que se aman se separan
                 ―sin rencores o espadas
un fantasma encantado cobra vida
y se inclina a recoger
a esos dos labios,
desnudos para siempre de lenguajes.


Alfonso Chase (Cartago, Costa Rica, 1944)
La herida en el sol (Poesía contemporánea centroamericana, 1957-2007)
Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F., 2007

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