jueves, 19 de diciembre de 2013

Antón Avilés de Taramancos


Meu capitán, é hora, é hora
de limpar os fanais, os astrolábios,
de abrir as caixas de ébano,
de polir bronces, de airear
as bandeiriñas do pañol e ver
esas chamas no ar de proa a popa.

¡É hora de prender lume na tarde!

Ter outra vez aquela hora intensa
na que era o ceo unha fogueira viva
e estaba o corazón aloumiñado
por ese instante único.

A onde van as horas luminosas?

Só tén o corazón un cofre intacto
onde se gardan como postales vellas
esas felicidades de outro tempo
e o proer das feridas que nos deron.

É hora, capitán, collamos rumbo
de cara o tempo que ficou no olvido,
ese espello de brétemas que ás veces
se ilumina no fondo da memória
e fai brillar en lampos una tarde
que nunca volverá. Pero está viva.






Mi capitán, es hora, es hora
de limpiar los fanales, los astrolabios,
de abrir las cajas de ébano,
de pulir bronces, de airear
las banderitas del pañol y ver
esas llamas en el aire de proa a popa.

¡Es hora de meterle fuego a la tarde!

Tener otra vez aquella hora intensa
en la que el cielo era una hoguera viva
y estaba el corazón acariciado
por ese instante único.

¿A dónde van las horas luminosas?

Sólo el corazón tiene un cofre intacto
donde se guardan como postales viejas
esas felicidades de otro tiempo
y el escozor de las heridas que nos dieron.

Es hora, capitán, pongamos rumbo
hacia el tiempo que quedó en el olvido,
ese espejo de brumas que a veces
se iluminan en el fondo de la memoria
y hace brillar en relámpagos una tarde
que nunca volverá. Pero está viva.


Antón Aviles de Taramancos (Taramancos-Noia, A Coruña, 1935 - A Coruña, 1992)
Última fuxida a Harar
Edicións Espiral Maior, A Coruña, 1992.
Versión de Andrés Vara

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