viernes, 1 de noviembre de 2013

Zingonia Zingone


Viene del desierto. La sangre es sincera.
Hay arena en el lento temblor de sus versos.
En posición de loto, el príncipe anota
sus desasosiegos. Su pluma vibra
en el solitario mediodía
y Khalil no sale de la cueva.
Confía en la niebla que emana
su sacra pajilla y poco a poco ahuyenta
los malos espíritus. Poco a poco regresa
a su pecho la paz.  Suspira y posa la pluma.
Empuña tres monedas perforadas,
las lanza al vacío y busca
en el gran libro de las mutaciones:
luz y tinieblas encuentra
en sus respuestas. Sólo en la soledad
hay equilibrio, sólo en el arder de dos cuerpos
hay intensidad, universo, plenitud.
¿Cómo comprender el día sin la noche?
¿Cómo tocar esa estrella fugaz que dibuja
el rumbo de los rumbos? Un soplo
de luna bajo el sol se muere.
Adán no supo. Khalil no sabe.
Indefenso y mudo, regresa a su niñez,
al abrazo cálido de una madre.


Zingonia Zingone (Londres, 1971)
Los naufragios del desierto. Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2013.

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