lunes, 21 de octubre de 2013

José María Merino


Cuando llegué a la playa estaba exhausto.
Es duro
sobrevivir tanto naufragio
y que el vaivén del mar te arroje siempre
a países extraños.

En el atardecer, después de larga ruta,
topé con una casa que empezaba
a cubrir la penumbra.

Un viejo bondadoso me recibió
y durante la cena,
se me iban presentando claves inesperadas:
soperas que tenían la redondez
de las vajillas de mi infancia,
muebles deshilachadamente mansos,
el rincón y el perchero del recuerdo primero.

En tal desasosiego transcurrió la velada
y cuando me acosté, la oscuridad tenía
las brumas de mi alcoba del tiempo juvenil.

Entre la paz del alba, sin alertar a nadie,
salí de aquella casa, encaminé mis pasos
al norte,
por seguir algún destino.

Pero antes de alejarme volví atrás la mirada,
y hoy continúo huyendo todavía,
temeroso
de que yo sólo sea el fantasma viajero de los sueños
de ese anciano que, mientras me marchaba,
sonreía,
burlón y silencioso,
en la ventana.


José María Merino (A Coruña, 1941)
Cumpleaños lejos de casa
Editorial Seix Barral, Barcelona, 2006.

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