martes, 29 de octubre de 2013

David Pujante


Soliloquio lunar

Para J.J.M.M.

Hoy me siento más solo que en otros plenilunios.
Preciso especialmente más claro tu cariño.
Pero no, no te asustes, que no voy a pedirte un imposible.
Con el tiempo he aprendido
a medir el tamaño de los sueños y de los sentimientos:
¡más leves que la vida, de por sí tan etérea!
Aunque pueda engañarme ¡tantas veces! en esto del amor
(la mente tiene oscuros laberintos
y pierde la noción de lo evidente, y de los imposibles que la habitan,
con bastante frecuencia, y así llega a creer
que se puede forjar la estabilidad del mundo,
del mundo,
                       que cae, sin cesar, bajo nuestros pies,
                                                                                                 pies de arena),
lo que en verdad te pido, más allá del engaño, es tan sencillo
como que me concedas el gesto de encontrarme con tu mano,
tu mano, que se preste a la caricia, por una noche eterna.
O ¿por qué no? unos meses. Ampliemos la oferta
a unos meses eternos.
Aunque luego suframos mucho más,
porque el hábito engancha,
y sobre todo el hábito de dos almas un tiempo apuntalándose.
¡Que están tan solas siempre,
aunque acepten su suerte inevitable con crudeza!
Ahora tan solo pido que me mires,
y que por hoy desees lo que también deseo:
una nueva caricia en esa habitación común, única, nuestra;
un fiel acercamiento intenso de los cuerpos,
hurgándonos los tiernos lugares del amor,
por si acaso encontramos el misterio
de la perenne unión.
Tenemos el sagrado derecho de fundir
estas nuestras impuestas soledades
con la luna y el cielo,
para intentar ser uno, solo uno (que es ser todo y ser todos)
y trasponer así la angustia de la vida, que aleja, siempre aleja.


David Pujante (Cartagena, 1953)
Animales despiertos. Editorial Renacimiento, Sevilla, 2013.

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