miércoles, 18 de septiembre de 2013

Inmaculada Pelegrín


16:30 h.

Pasaron a la historia
los días en los que me conformaba
y, para enamorarme,
lo hacía de cualquiera, en cualquier modo
—lloviese o Carnaval—,
como pasó contigo.

Desde ahora, lo advierto,
no creo en el amor sin condiciones.

Tendrá que ser octubre,
concretamente jueves,
sobre las cuatro y media de la tarde.
Ocurrirá en un bar
porque, con el paraguas,
le tiraré el café sobre el abrigo.

Esa persona, animal o cosa
(abstenerse los ángeles
debido a su carácter asexuado),
habrá de conocer dónde está Pénjamo
—ser de Pénjamo o viajar a Pénjamo—,
la ubicación exacta de mi ombligo
en los mapas del mundo
y que las rosas rosas me entristecen.

Opcional, que le guste el origami
y los coches de choque.

Imprescindible siempre, en todo caso,
que bese como tú,
que huela como tú,
que sepa como tú.

Que no se te parezca.


Inmaculada Pelegrín (Lorca, Murcia, 1969)
Cuestión de horas (dies fugit). Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2012.

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