jueves, 22 de agosto de 2013

Raquel Lanseros


La mujer herida

Solamente si alguna vez amaste
                       con uñas y con dientes,
                       sin red,
                       sin salvavidas,
aciertes a entender el vértigo insondable
que se extiende a los pies del desengaño.

Ella creyó encontrar la fuente del principio
cuando lo conoció en medio de la tierra
                             sin más escudo que su piel de hombre
                    bruñida por el sol igual que el oro viejo.
Lo amó sin precipicios ni preguntas,
tiernamente, en silencio,
     con esa gratitud voluptuosa
          que provoca la lluvia en primavera.

Todo era tan sencillo.
Los versos plateados de poetas infinitos
parecían seguirla a todas partes,
     como si el corazón se hubiera convertido
     en un fiel animal domesticado.

Porque no existe nada que dure eternamente,
una noche aprendió, como tantos lo hicieran
antes y después de ella,
que el amor es un río con cataratas propias
                                                              y remansos ajenos
que siempre desemboca en el océano.

Míralo de este modo: la vida te ha enseñado,
siguiendo su costumbre de incansable maestra,
     cómo el alma dibuja
          serenas cicatrices sobre viejas heridas.


Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973)
Los ojos de la niebla. Visor Libros, Madrid, 2009.

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