lunes, 12 de agosto de 2013

Francisco Onieva


No me preguntes

No me preguntes,
cuando he dejado a un lado mi camino,
por qué he sentido siempre
una predilección incomprensible
por subir a los árboles sin luz
y poner nombre a cada pájaro
–como tú me enseñaste–.

Es una maniobra
infantil
                para no ver
                                       que el tiempo
                                                                   resbala
sobre tu piel
como la lluvia
sobre el jazmín.

Querría recogerla con las manos
y beberla despacio.
Respirar tu tristeza.


Francisco Onieva (Córdoba, 1976)
Las ventanas de invierno. Oficina de Arte y Ediciones, Madrid, 2012

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