viernes, 23 de agosto de 2013

Alvaro Valverde


Casa natal

Está en venta. Supongo
que con vistas al derribo.
Su condición de ruina la delata.
Aquí viví
los primeros seis años de mi vida.
Vine al mundo en un cuarto
pequeño y luminoso
que recuerdo al detalle, que no olvido.
Al subir la escalera, tras la puerta,
a la derecha de aquel recibidor,
una estancia de paso y sin ventanas,
el minúsculo baño
y esa alcoba que acabo de citar.
Enfrente de la entrada, la cocina
donde me hizo mi madre, culpa mía,
un corte en la rodilla.
A la izquierda, un oscuro pasillo
que ensanchaba a mitad
(con un viejo sofá que me servía
para urdir algún susto y esconderme)
y la sala de estar con el balcón
donde me daban de comer
mientras pasaban
albañiles silbando en bicicleta
que iban o volvían de la obra.
De aquel sitio conservo otras imágenes:
la cabeza vendada por aquella caída
en que rodé por la escalera;
como si fuera ahora, el accidente
que conté más arriba (otro vendaje),
la familia sentada ante la radio...
Me acuerdo, sobre todo,
de la azotea al sol
y el alambre de espinos
donde veraneaban las avispas.
Paso bajo el cartel de "casa en venta"
y no puedo evitar que me hagan mella
los estragos del tiempo.
Parecía más grande y es al cabo
pequeña, muy pequeña.
Mi padre, que era joven, ya está muerto.
De mis hermanos, Jesús no había nacido.
Cuando lea mi madre esto que he escrito
comprenderá el porqué de mi tristeza.


Álvaro Valverde (Plasencia, 1959)
Plasencias. De la Luna Libros, Mérida, 2013

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