viernes, 12 de julio de 2013

Eugénio de Andrade


Os trabalhos da mão

Começo a dar-me conta: a mão
que escreve os versos
envelheceu. Deixou de amar as areias
das dunas, as tardes de chuva
miúda, o orvalho matinal
dos cardos. Prefere agora as sílabas
da sua aflição.
Sempre trabalhou mais que sua irmã,
um pouco mimada, um pouco
preguiçosa, mais bonita.
A si coube sempre
a tarefa mais dura: semear, colher,
coser, esfregar. Mas tambén
acariciar, é certo. A exigência,
o rigor, acabaram por fatigá-la.
O fim não pode tardar: oxalá
tenha em conta a sua nobreza.


Los trabajos de la mano

Empiezo a darme cuenta: la mano
que escribe los versos
ha envejecido. Ha dejado de amar la arena
de las dunas, las tardes de lluvia
menuda, el rocío matinal
de los cardos. Prefiere ahora las sílabas
de su aflicción.
Siempre ha trabajado más que su hermana,
un poco mimada, un poco
perezosa, más bonita.
Le ha tocado siempre
la tarea más dura: sembrar, coger,
coser, fregar. Pero también
acariciar, es cierto. La exigencia,
el rigor, acabaron fatigándola.
El final no puede tardar: ojalá
tenga en cuenta su nobleza.


Eugénio de Andrade (Póvoa de Atalaia, 1923 - Oporto, 2005)
Todo el oro del día. Editorial Pre-textos, Valencia, 2001 
Traducción de Ángel Campos Pámpano

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