miércoles, 26 de junio de 2013

Román Piña


Derecho a roce

Si algún día perdiese el privilegio
de ocupar el rincón de tus sueños
y el aliento escondido de tu cuerpo,
si me relegas al papel de amigo
querría que aceptaras unos puntos
para dulcificar ese despido
a modo de indemnización amable.
Si me defenestraras como amante
quisiera conservar ciertos derechos
sin yugos ni cadenas, sin argollas,
como el de, por ejemplo,
quedar para una charla
sin entrar a violar intimidades.
Alguna noche tibia, en primavera,
podríamos cenar e irnos de copas,
echar un bailecito, como amigos,
y cogernos las manos fríamente
sólo por exigencias de la música.
O cogernos las manos, si se tercia,
al cerrar nuestro encuentro, cerca el alba,
con un abrazo ciego, en homenaje
a la pasión perdida.
Ya sabes que tendrías un apoyo
y que te ofreceré encantado el hombro
si algún día te vieras deprimida
para que llores cuanto te parezca.
Sería deseable, con tu venia,
en cada despedida, como amigos,
acoplar nuestros labios un momento
sin prisa y, por supuesto, sin deseo.
Si algún día te aburres
podríamos subir una montaña,
ir al cine, al teatro,
hacer manitas, siempre como amigos,
palparnos las caderas como ahora,
chuparnos las orejas,
y yo despertaría
la rosa titilante entre tus muslos
con besos en tus párpados mojados.
Aunque vivas tu vida
y nuestros mundos sean muy distintos,
cualquier día futuro, si quisieras
con la misma ternura y entusiasmo
con que ahora como amante te penetro
cuesta tanto alcanzar la confianza
entre dos corazones
podría penetrarte, como amigo.


Román Piña (Palma de Mallorca, 1966)
Café con amazonas. la Bolsa de Pipas, Palma de Mallorca, 2002

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