lunes, 24 de junio de 2013

Carlos Drummond de Andrade


A flor e a náusea

Preso á minha classe e algumas roupas,
vou de branco pela rua cinzenta.
Melancolias, mercadorias espreitam-me.
Devo seguir até o enjôo?
Posso, sem armas, revoltar-me?

Olhos sujos no relógio da torre:
Não, o tempo não chegou de completa justiça.
O tempo é ainda de fezes, maus poemas, alucinações e espera.
O tempo pobre, o poeta pobre
fundem-se no mesmo impasse.

Em vão me tento explicar, os muros são surdos.
Sob a pele das palavras há cifras e códigos.
O sol consola os doentes e não os renova.
As coisas. Que tristes são as coisas, consideradas sem ênfase.

Vomitar esse tédio sobre a cidade.
Quarenta anos e nenhum problema
resolvido, sequer colocado.
Nenhuma carta escrita nem recebida.
Todos os homens voltam para casa.
Estão menos livres mas levan jornais
e soletram o mundo, sabendo que o perdem.

Crimes da terra, como perdoá-los?
Tomei parte em muitos, outros escondí.
Algúns achei belos, foram publicados.
Crimes suaves, que ajudam a viver.
Ração diária de erro, distribuída em casa.
Os ferozes padeiros do mal.
Os ferozes leiteiros do mal.

Pôr fogo em tudo, inclusive em mim.
Ao menino de 1918 chamavan anarquista.
Porém meu ódio é o mellor de mim.
Com ele me salvo
e dou a poucos uma esperança mínima.

Uma flor nasceu na rua!
Passem de longe, bondes, ônibus, rio de aço do tráfego.
Uma flor ainda desbotada
ilude a polícia, rompe o asfalto.
Façam completo silêncio, paralisem os negócios,
garanto que uma flor nasceu.

Sua cor não se percebe.
Suas pétalas não se abrem.
Seu nome não está nos livros.
É feia. Mas é realmente uma flor.

Sento-me no chão da capital do país às cinco horas da tarde
e lentamente passo a mão nessa forma insegura.
Do lado das montanhas, nuvens maciças avolumam-se.
Pequenos pontos brancos movem-se no mar, galinhas em pânico.
É feia. Mas é uma flor. Furou o asfalto, o tédio, o nojo e o ódio.


La flor y la náusea


Preso de mi clase y de algunas ropas,
voy de blanco por la calle gris.

Melancolías, mercancías me acechan.

¿Debo seguir hasta el asco?
¿Puedo, sin armas, revolverme?

Ojos sucios en el reloj de la torre:
No, el tiempo no alcanzó la justicia completa.
El tiempo aún contiene heces, malos poemas, alucinaciones y espera.
El tiempo pobre, el poeta pobre
se funden en el mismo impasse.

Intento explicarme en vano, los muros son sordos.
Bajo la piel de las palabras hay cifras y códigos.
El sol consuela a los enfermos y no los renueva.
Las cosas. Qué tristes son las cosas, consideradas sin énfasis.

Vomitar ese tedio sobre la ciudad.
Cuarenta años y ningún problema
resuelto, ni siquiera encarrilado.
Ninguna carta escrita ni recibida.
Todos los hombres vuelven a casa.
Son menos libres pero llevan periódicos
y deletrean el mundo, sabiendo que lo pierden.

Crimenes de la tierra, ¿cómo perdonarlos?
Tomé parte en muchos, otros los escondí.
Algunos los encontré bellos y fueron publicados.
Crimenes suaves, que ayudan a vivir.
Ración diaria de error, distribuida en casa.
Los feroces panaderos del mal.
Los feroces lecheros del mal.

Meterle fuego a todo, incluso a mí.
Al niño de 1918 le llamaban anarquista.
Sin embargo mi odio es lo mejor de mí.
Con él me salvo
y doy a pocos una esperanza mínima.

¡Una flor ha nacido en la calle!
Pasen de largo, tranvías, autobuses, río de acero del tráfico.
Una flor incluso descolorida
elude a la policía, rompe el asfalto.
Guarden completo silencio, paralicen los negocios,
garantizo que ha nacido una flor.

Su color no se percibe.
Sus pétalos no se abren.
Su nombre no está en los libros.
Es fea. Pero es realmente una flor.
Me siento en el suelo de la capital del país a las cinco horas de la tarde
y lentamente paso la mano por esa forma insegura.
Del lado de las montañas, nubes macizas se adensan.
Pequeños puntos blancos se mueven en el mar, gallinas en pánico.
Es fea. Pero es una flor. Atravesó el asfalto, el tedio, el asco y el odio.


Carlos Drummond de Andrade (Minas Gerais, Brasil, 1902-1987)
Poesía brasileira do século XX. Dos modernistas à actualidade. 
Selecção, introducção e notas de Jorge Henrique Bastos.
Edições Antígona, Lisboa, 2022
Versión de Andrés Vara

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