jueves, 27 de junio de 2013

Anne Sexton


Remar

¡Un cuento, un cuento! 
(Que pase. Que llegue).
Me lanzaron como parachoques de un Plymouth
a este mundo.
Primero fue la cuna
con sus barrotes gélidos. 
Luego las muñecas,
y la devoción por sus bocas de plástico.
Después la escuela,
las pequeñas y rectas hileras de pupitres,
emborronando mi nombre sin cesar, 
pero siempre debajo del agua,
una extraña de codos indolentes. 
Luego vino la vida
con sus crueles casas
 y personas que rara vez se tocaban
—cuando el tacto lo es todo— 
pero crecí,
como un cerdo con gabardina crecí,
y hubo después muchas apariciones extrañas,
la lluvia pertinaz, el sol transformándose en veneno
y todo eso, sierras abriéndose paso hasta mi corazón, 
pero crecí, seguí creciendo,
y Dios era como una isla hacia la cual no había remado,
todavía ignorante de Él, mis brazos y mis piernas trabajaron,
y crecí, seguí creciendo, 
me puse rubíes y compré tomates
y ahora, en plena madurez, 
aunque pudiera decirse que tengo diecinueve,
remo, sigo remando,
aunque los remos están atascados y oxidados
y el mar parpadea y se mueve
como un ojo inquieto,
pero remo, sigo remando,
aunque el viento me retiene 
y sé que esa isla no será perfecta,
que tendrá las deficiencias de la vida,
los disparates de la mesa del comedor, 
pero habrá una puerta
y la abriré
y me libraré de la rata que llevo dentro,
la rata pestilente que me corroe.
Dios la tomará en sus manos 
y la abrazará.

Como dice el Africano:
Así es el cuento que os he contado,
sea bueno, sea malo,
llevadlo a otro lugar y que retorne algo.
Este cuento termina y yo sigo remando.

Rowing



Anne Xeston (Weston, Massachusetts, 1928-1974)
Traducción de Antonio Fernández Lera

1 comentario:

  1. Ahora mismo estoy con su poesía completa...La amo absolutamente. Esta es una mujer real, conmovedora como la lluvia, que tiene un dominio de las imágenes apabullante...Bico

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