jueves, 30 de mayo de 2013

Nuno Júdice


Abril de 95

Abril é o mês mais cruel, como disse
o Eliot. No princípio de abril podem contar-se as horas
que faltam para a noite, e esperar-se pelos astros
que enchem o céu, no campo, onde o cheiro das flores
atormenta os animais sem olfacto. Em abril as chuvas não são
frias como no inverno, mas deixam a alma encharcada
quando caem de repente, na estrada. Em abril
o vento enrola a terra em turbilhão e leva-a até ao céu,
onde suja o azul antes de cair com um ruído
de colunas. Mas não faço contas aos dias, em abril;
não sei se as tuas mãos têm linhas que vão até ao fim do mês;
e não te ouço a contar-me as historias obscuras
da véspera. Em abril, como disse o Eliot, a terra morta
engendra os lilases da concupiscência: e os teus lábios
ganham a cor roxa das cinzas, derramando um choro
vago sobre a morte que o céu limpo de estrelas já
anuncia. É que abril é o mês
dos vulcões; ouço o seu rugido no interstício das tuas
confissões póstumas; e trago comigo a lava fría
de uma erupção de sentimentos. Em abril, não se pode
saber se o dia de amanhã existe, ou se
a cortina negra da eterniadade cai de dentro
de uma vida sem hesitações nem angústias —fechándo-a para
as certezas da memória. Pode ser isto o que se espera
dessa vida? Ou é preciso, pelo contrário, atravessar
a rua e ir ao teu encontro  —ó deusa branca, cujo olhar
nos arrasta para o outro lado do rio? Então,
olhando a frente do barco que rasga a corrente, ouço as tuas
palavras: "Amo-te!, criatura sem cor, ardendo
no fundo de uma idade transitória!" E não sei que resposta dar
ao teu desejo, nem onde encontrarei
as tuas mãos vegetais. No entanto, tenho ainda a fotografia
que nos tiraram junto ao molhe: ambos, sobre a pedra do
limite,
olhando o horizonte que o tempo apagou...

 
Abril del 95

Abril es el mes más cruel, como dice
Eliot. Al principio de abril se pueden contar las horas
que faltan para la noche, y esperar a los astros
que colman el cielo, en el campo, donde el aroma de las flores
atormenta a los animales sin olfato. En abril las lluvias no son
frías como en el invierno, pero dejan el alma encharcada
cuando caen de repente, en la carretera. En abril
el viento envuelve a la tierra en un torbellino y la lleva hasta el cielo,
donde ensucia el azul antes de caer con un ruido
de columnas. Pero no llevo la cuenta de los días, en abril;
no sé si tus manos tienen líneas que van hasta el fin del mes;
y no te oigo contarme historias oscuras
de la víspera. En abril, como dice Eliot, la tierra muerta
engendra las lilas de la concupiscencia: y tus labios
ganan el color rojo de las cenizas, derramando un llanto
vago sobre la muerte que el cielo limpio de estrellas ya
anuncia. Y es que abril es el mes
de los volcanes; oigo su rugido en el intesrticio de tus
confesiones póstumas; y traigo conmigo la lava fría
de una erupción de sentimientos. En abril, no se puede
saber si el día de mañana existe, o si
la cortina negra de la eternidad cae dentro
de una vida sin vacilaciones ni angustias —cerrándola
a las certezas de la memoria. ¿Será esto lo que se espera
de esa vida? ¿O es preciso, por el contrario, atravesar
la calle e ir a tu encuentro —oh diosa blanca, cuya mirada
nos arrastra hacia el otro lado del río? Entonces,
mirando la proa del barco que rasga la corriente, oigo tus
palabras: "¡Te amo! ¡criatura sin corazón, ardiendo
en el fondo de una edad transitoria!" Y no sé qué respuesta dar
a tu deseo, ni dónde encontraré
tus manos vegetales. Mientras, tengo aún la fotografía
que nos sacaron junto al malecón: ambos, sobre la piedra
del límite,
mirando el horizonte que el tiempo apagó...


Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, El Algarbe, Portugal, 1949) 
Poesía reunida 1967-2000
Publicaçoes Dom Quixote, Lisboa, 2000 
Versión de Andrés Vara.


No hay comentarios:

Publicar un comentario