viernes, 24 de mayo de 2013

Javier Salvago


La hora nueva


Sí, la hora nueva es, por lo menos, muy severa.
ARTHUR RIMBAUD

Junto con el amor a las palabras,
entre otras muchas cosas, he perdido
interés por saber si la existencia
se alarga más allá de esa otra puerta.
—Siempre y eternidad ya no son tiempo
cuando se está viviendo en el mañana—.

Me conformo con ver otra mañana
y con seguir usando las palabras
para nombrar lo propio de este tiempo;
para nombrar también lo que he perdido,
sin remedio, detrás de alguna puerta
que marcaba el final de su existencia.

Hoy me sobra con dar a mi existencia
realidad de presente. Aunque mañana,
al cruzar el umbral, tras otra puerta
deba cambiar de rostro y de palabras.
No es la primera vez que me he perdido
en este callejón que llaman tiempo.

A fuerza de ir dejando en cada tiempo
partes de mí que fueron mi existencia,
de restar y añadir a lo perdido
noches que van enterrando su mañana,
ya sé que todo, incluso las palabras,
muda de contenido en cada puerta.

Y no es cuestión de andar de puerta en puerta
buscando una verdad que venza al tiempo;
ni de esperar, sin fe, que las palabras
le encuentren su sentido a la existencia;
ni de pedir, en vano, a otra mañana
que nos devuelva lo que se ha perdido.

No todo, sin embargo, está perdido.
Mientras la vida dure, habrá una puerta
de par en par abierta a su mañana.
Cada edad es un mundo. Cada tiempo
juzga de otra manera la existencia
y exige otra actitud y otras palabras.

Porque palabras hay que ya han perdido
su razón de existencia tras la puerta
de un tiempo que, hasta ayer, era el mañana.


Javier Salvago (Paradas, Sevilla, 1950)
Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997) 
Editorial Renacimiento, Sevilla, 1997






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