domingo, 28 de abril de 2013

Begoña Abad



Andan sueltos los lobos.
Oigo aullar no muy lejos,
a mi espalda, pero no me vuelvo.
Ya he caminado entre ellos
muchas veces y a oscuras.
Ahora soy yo quien lleva la luz
y ellos los que tienen hambre.
Mi cuerpo resiste las ausencias,
puedo vivir sin lágrimas
o derramarlas todas en una noche.
No tengo ya piel de cordero,
mi piel ahora es una almazuela
de olores, de colores,
de tantos como me han querido.
Camino al frente de cada ahora
más desnuda que nunca,
durmiendo al sereno
bajo las estrellas de tus ojos
y sabiendo que una noche cualquiera
los lobos podrán comer mi cuerpo,
pero sólo cuando yo lo deje abandonado
porque me impida seguir volando.


Begoña Abad (Villanasur del Río Oca, Burgos, 1952)
Cómo aprender a volar. Olifante, Zaragoza, 2012

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