martes, 15 de enero de 2019

Fa Claes

Sesenta y ocho

Sesenta y ocho y estoy sentado aquí
con mi añoranza de
antes de cincuenta años,
como si ella llegara al fin,
se desnudara
y en ella metiera yo
mi beatitud.

Sesenta y ocho y estoy sentado aquí
con mi perspectiva de
mil millones de veces, mil quintillones de años,
y de todo lo que he esperado
o creído o con lo que nunca he podido soñar
ni pizca, por muy poco que sea,
es verdad.

Sesenta y ocho. ¿Eones? ¡Ojala!, años.
La diferencia es un pelo
no más ancho que el que hay entre Rijmenam
y el horizonte perceptible.
Esa distancia con un gesto
único se puede determinar:
de aquí hasta allá.

Sesenta y ocho años de preguntas,
nada más que preguntas
quién, cuándo, qué,
dónde, cómo y por qué.


Fa Claes (Malinas, Bélgica, 1928)
Universo Rijmenam
Versión del autor revisada por Francisco Álvarez Velasco
Extraído de aquí

lunes, 14 de enero de 2019

Piedad Bonnett

La maleta

En la casa todo seguía igual, hasta las flores
—aunque un poco marchitas—. Pero en las escaleras
nuestros pasos sonaron
distinto. Como golpes muy suaves
en un cuenco vacío.
Pusimos la maleta en un rincón
donde no nos mirara
con sus ojos tan tristes.
Pesaba esa maleta, tan vacía.
Volvíamos a todas nuestras cosas,
a la manta de fieltro, a las pantuflas, al pocillo
de mis tardes de té.
Quizá tendríamos que habernos abrazado.
Pero mientras en aquel cuarto anochecía
todo lo que pudimos darnos fue silencio.


Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951)
Los habitados
Visor Libros, Madrid, 2017

sábado, 12 de enero de 2019

Álvaro Valverde

El lector

Es al atardecer cuando ese hombre
abre la puerta y se aisla en el cuarto
donde guarda los libros.
La penumbra es dorada cuando prende la luz,
que toma por sorpresa su interior escondido.
La estantería es baja. Los volúmenes, pocos
y alineados en orden, el mismo que eligió
para su vida. Toma uno
—encuadernado en piel, como recién comprado—
y se sienta a leer.
El sofá —de terciopelo verde, un poco ajado—
está junto a la lámpara encendida.
Quedan atrás las horas en el banco,
la fiel monotonia, los paseos alrededor
del mismo laberinto, esas conversaciones
rutinarias con unos y con otros,
también con los de casa.
Dura el silencio.
Si levantara la persiana
—cerrada a cal y canto— se verían,
debajo, los jardines.
A lo lejos, el Valle y Santa Bárbara.
En medio, el río.
Pero eso le impediría concentrarse
en lo que importa ahora:
la lectura de obras que, por norma,
relee constantemente.
La Ética de Spinoza, por ejemplo.
A veces, no obstante, deja el libro,
toma papel y escribe
con su letra menuda, intraducible,
tanto como esa idea resistente
a ser interpretada con palabras.
Unos discretos golpes en la puerta
le anuncian el final de su retiro.
Es hora de cenar. Apaga, cierra.
La vida espera fuera, la que él lleva,
como cualquier lector, cuando no vive.


Álvaro Valverde (Plasencia, 1959)
El cuarto del siroco
Tusquets Editores, Barcelona 2018




viernes, 11 de enero de 2019

José Luis Parra

Verano 93

No me muevo de aquí.
Siempre en la galería, siempre
sentado en esta silla de cuerdas, despintada,
que tanto usó mi madre. Junto a esta lavadora
con no pocos achaques, convertida
en insólita mesa de trabajo
donde se apilan libros y papeles
por corregir. Yo fumo, fumo, fumo,
y veo en humo derrocharse el tiempo de mi vida,
y miro en las ventanas, en los muros manchados
de la casa de enfrente, reflejarse
el mismo día sin promesas,
la misma fecha caducada,
repetirse un verano interminable
de persianas verdosas desvaídas
y toldos azulados polvorientos.
Miro las tuberías,
obscenamente al descubierto,
la maraña de antenas en terrados vacíos,
las sábanas, toallas, bañadores,
inmóviles en la canícula,
el grávido silencio de un sol que nos aplasta.
Es todo mi paisaje, mi verano.
Atado al Nunca más en esta silla
que tanto usó mi madre.
                                              Si volvieras...
aunque fuera tan sólo por un día,
como en Méjico dicen que regresan los muertos.


José Luis Parra (Madrid, 1944 / Quart de Poblet, Valencia, 2012)
Del otro lado de la cumbre
Poesía Edicions de la Guerra % Café Malvarrosa, València, 1996

martes, 8 de enero de 2019

Isabel García Mellado

toda la humanidad en pie que se interroga
porque un niño ha hecho una pregunta tan grande
que el sol no se atreve a salir
y han tenido que poner hilos de seda de edificio a edificio,
de ciudad en ciudad, con farolillos blancos y amarillos
luego se han acabado los edificios
y han colocado luces azules
pequeñas y redondas
por el suelo
la pregunta sigue atravesando pesadamente el mundo
pero nadie se atreve a soltar prenda
y las ciudades se acabarán también
y quedarán desiertas las oficinas
los cuartos de invitados, los amables vecinos
los días hace rato que no existen
un silencio profundamente herido lo envuelve             todo
creemos que si hubiéramos pensado antes en esa pregunta
no habría sucedido nada de ésto
pero todos callamos
como calla la culpa


Isabel García Mellado (Madrid, 1977)
La traductora de incendios
Valparaíso Ediciones, Granada, 2014

lunes, 7 de enero de 2019

Pedro Sevilla

El deseo y el niño

Y de dónde vendrá,
de qué turbio y sombrío muladar de la sangre,
este deseo que era, en un principio,
una sorpresa,
una desconcertante maravilla
con la que el niño aquel sellaba un pacto
de reconocimiento, de amor consigo mismo.

De dónde ese motín en carne propia
que luego se tornó pasión por otros cuerpos,
desconsuelo incesante, despiadado afán
de caricia y desgarro en la carne huidiza,

en todo lo que muere mientras arde
cuajado de hermosura.


Pedro Sevilla (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1959)
Para cuando volvamos (Poesía completa, 1992-2018)
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2018

domingo, 6 de enero de 2019

Antonio Cabrera

Autorretrato

Entro en mi casa. Cada paso que doy
ya no es en ella avance sino meta,
ya no es aumento sino retracción.
Llego a mi sitio, tan vacío: silla
que es ancla, mesa que abre mi paréntesis.
Fuera, la magna claridad del día,
olvidado lo visto en el regreso.
Suprimo entonces rostros y palabras,
al fin disueltas las conversaciones.
Y expulso de mi mente los retazos
de azul cielo que aún permanecían;
borro también el acto que los borra.
Tomo asiento. Se rehacen mis facciones.
Soledad, ahora sí,
ya puedes ser el fondo informe y fiel
de mi retrato.


Antonio Cabrera (Medina Sidonia, Cádiz, 1958)
Corteza de abedul
Tusquets Editores, Barcelona, 2016

Hilario Barrero

Cazador furtivo

El silbido de plomo se dirige hacia él
y al penetrar en el firme dintel de su equilibrio
el vuelo se le olvida, la sangre se le espesa,
un chasquido le enturbia la mirada
y siente, en el rincón de las entrañas,
la pesadez amarga de la pólvora.
Sin aire que alimente sus cimientos,
el maderaje de su esqueleto en llamas,
se desploma como una flor cortada por un niño.


Hilario Barrero (Toledo, 1946)
Blending
Editorial Cuadernos de humo, Brooklyn, NY, 2017

viernes, 4 de enero de 2019

Jacobo Rauskin

El amor y el mal tiempo

Bajo tantas y tantas hojas caídas
no se te ven los pies ahora.
Haré luego el elogio de las hojas
que arremolina el viento cada vez con más fuerza.
Acéptame estos versos, mientras tanto.
Celebran un sendero entre los árboles
y tu talle ceñido por mis manos
y el calor de un instante y tu voz
y esa manera de callarte como si fueras
a responderle con un suspiro a la tormenta.


Jacobo Rauskin (Villarrica, Paraguay, 1941)
Poemas selectos
Editorial Pretextos, Valencia, 2018

jueves, 3 de enero de 2019

Irene Sánchez Carrón

Desde la ventana de un café

La muchacha que espera para cruzar la calle
se cubre de la lluvia con un fular de seda.
Los jóvenes detestan los paraguas,
se dejan olvidados los abrigos,
no escuchan los pronósticos del tiempo.

El hombre que le ofrece cortésmente refugio
bajo un paraguas negro
es más alto que ella
y se parece un poco a los pulcros actores
de los años cincuenta.

A través del cristal miro cómo se miran,
cómo sonríe ella bajo el paraguas negro
mientras nerviosamente
se sacude las gotas del pelo y de la cara.

El hombre le sonríe con ternura.

Gracias. Es usted muy amable,
dirá probablemente ella.
No hay de qué,
dirá el hombre con voz grave y atenta.
Este tiempo es tan impredecible,
tan pronto llueve,
tan pronto luce el sol.

Sonríen y se miran,
se alisa el pelo ella,
baja el paraguas él
y lo inclina hacia un lado.

Cuando cambia el semáforo
miro cómo atraviesan la avenida,
cómo el brazo de ella roza ligeramente
la gabardina gris del hombre del paraguas,
cómo ellos, los dos desconocidos,
acompasan el ritmo de sus pasos
sobre el asfalto húmedo
mientras la lluvia cae a cámara muy lenta
y el café de mi taza se va quedando frío.

Al llegar a la acera se paran un instante.

Intento descifrar sus últimas palabras.

Grabo en mi corazón sus últimas miradas.

Ella entra en el café
y él se pierde a lo lejos,
mientras yo, conmovida,
regreso a mi periódico.


Irene Sánchez Carrón (Navaconcejo, Cáceres, 1967)
Micrografías
Visor libros, Madrid, 2018

miércoles, 2 de enero de 2019

Lola Mascarell

Los días felices

Una hoja de hiel vendrá a horadarnos
el alma de los días,
como una brizna leve y pasajera
movida por un viento caprichoso.
Vendrá. Nos hará daño.
Por mucho que pongamos la costumbre de escudo.
Llegará con la furia
con que llega a la luz lo inevitable.
Y será sigilosa.
Abrirá en la dulzura de los días
una brecha de sangre,
la única rendija
por donde ha de volver nuestra alegría.


Lola Mascarell (Valencia, 1979)
Mientras la luz
Editorial Pretextos, Valencia, 2013

martes, 1 de enero de 2019

Susana Benet

Acaso estés

Acaso estés en esa ráfaga
que en torno mío agita
la tierra en torbellinos,
o en la nube que tiñe
de púrpura y violeta el gris ocaso.

Acaso esté en mi sombra
la tuya solapada,
y en mi silencio el tuyo.

Acaso tu energía
esté vibrando ahora en mis latidos
y me inunde el calor antiguo de tu cuerpo,
como otra piel que crece
en mi indefensa piel.


Susana Benet (Valencia, 1950)
Don de la noche
Editorial Pretextos, Valencia, 2018

domingo, 30 de diciembre de 2018

Antonio Fernández Lera

17

Deseo que una ráfaga de viento te recorra
la piel en una dulce desmesura
superior a mis manos y a mis ojos.

Que somos materia breve como un suspiro
no me lo tiene que decir ningún farsante.
Somos materia breve y sin consuelo.
Y eso es la vida.

Deseo que la llama de mis ojos
cubra todo tu cuerpo
y seque todas tus lágrimas
con un fuego tembloroso.

En las lágrimas está la expresión de la vida
y la sabiduría del cuerpo
que nos marca el momento preciso
del llanto necesario. Y eso es la vida.

Deseo que las nubes desciendan
y te cubran la piel
como una lluvia tranquila
que detenga el tiempo y te transporte
hasta una calma sin dolor
o una mentira soportable.

La vida es esa hilera de cuerpos
agarrados unos a otros como ciegos.
Poco hemos avanzado en eso.

Deseo que levantes la cabeza y exclames
que la vida es hermosa
y que lo sientas.


Antonio Fernández Lera (Madrid, 1952)
Poemas lentos (2012-2018)
Editorial Aflera. Colección La garza roja, Pinto (Madrid), 2018
La garza roja 

viernes, 28 de diciembre de 2018

Rocío Wittib

tuvimos miedo y cruzamos la vía con los ojos
   cerrados
quisimos creer que no teníamos nada que perder
porque nada teníamos para darnos
mentimos lo suficiente hasta crear una verdad
y tampoco fuimos capaces de creerla
nadie dijo que debajo de las palabras había
   cuchillos
y nos crecieron heridas dentro del silencio
ni nos arrepentimos ni pedimos perdón
muchas veces nos cansamos de esperar de huir
de tener que olvidar que no estamos a salvo
pero del deseo no se aprende la valentía
sino la sed la urgencia el hambre
yo siempre seré una cima trepando por tus pies
tú la intemperie creciendo sobre mi corazón
vivir tan solo la forma correcta de equivocarse


Rocío Wittib (Buenos Aires, 1989)
La herida que besa el puñal
Ediciones En Huida, Sevilla, 2018

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Andrés Trapiello

Ruiseñor

Mirad el alcornoque. Canta entero
todo él, cada rama, cada hoja
de las miles que forman
su oscura celosía. No aquí o allí,
arriba, abajo, a un lado: el ruiseñor
está detrás de cada una de ellas,
en todas por igual, su voz bien firme
como en la llama el fuego.
No le veréis jamás. Aunque os mudarais
a vivir en su centro y escrutarais
con óptica paciente
la temblorosa aldea donde anida
desde marzo hasta agosto,
nunca sabréis de él más que su canto.
Sé bien que sólo empieza
a hilarlo melodioso cuando nadie
del cielo o de la tierra puede verle.
Hasta no cerciorarse está en silencio.
Aprende, pues, que la lección es fácil.


Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953)
Y
Editorial Pretextos, Valencia, 2018

domingo, 23 de diciembre de 2018

Anay Sala

Filos

Y tanto insistió
esa noche
que de nuevo el destino
cedió.
Y el azar se encaprichó
-esta vez-
de nuestros nombres.


Anay Sala (Sabadell, Barcelona, 1975)
Servidumbres de paso
Ediciones Torremozas, Madrid, 2016

viernes, 21 de diciembre de 2018

Efi Cubero

Don

El don bien puede ser una condena.

Girar sobre el espacio vital de la metáfora
con la grandilocuencia inexpresiva
de sacar brillo a lo que te rodea.

Otra cosa es sin duda lo acertado
de ver el alma allí, donde se oculta...


Efi Cubero (Granja de Torrehermosa Badajoz, 1949)
Punto de apoyo
De la luna libros, Mérida, 2014

viernes, 14 de diciembre de 2018

José Iniesta

En el jardín

Absorto abres la puerta de la casa,
y miras el jardín
                             crecido entre las rocas,
el asiento de piedra conocido
debajo de las ramas del granado.

Y de pronto, son tuyos en la tarde
los cielos del otoño y su belleza,
la lentitud del tiempo
                                     al tañer las campanas,
el secreto perfume de las horas,

las nubes, hacia dónde, de la vida.


José Iniesta (Valencia, 1962)
Las razones del viento
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2016

martes, 11 de diciembre de 2018

Álvaro Valverde

Baño

Ayer, en el molino,
me bañé otra vez solo
en el estanque.

Como siempre, al entrar,
aquel me pareció mi primer baño.

Como siempre, al salir,
tuve la sensación
de que era el último.


Álvaro Valverde (Plasencia, 1959)
El cuarto del siroco
Tusquets Editores, Barcelona, 2018

sábado, 8 de diciembre de 2018

Mario Míguez

Alba

Difícil es el alba.
Difícil ascender en el camino
creando el mediodía.
Al declinar la luz hacia la tarde
se abandona el esfuerzo:
nadie puede luchar contra la noche,
sólo queda aceptarla.
Difícil es vivir mientras se asciende
creando el mediodía,
sin declinar jamás hacia la tarde
ni rendirse a la noche.
Permanezcamos siempre amaneciendo.
Sea ascenso el camino.
La nuestra es la ardua luz de lo que nace
creando el mediodía.
La nuestra es siempre la virtud del alba.


Mario Míguez (Madrid, 1962-2017)
Difícil es el alba (Antología poética)
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2018